miércoles, 7 de diciembre de 2016

¿Qué quieren leer las mujeres? La guía definitiva



Quizá has llegado aquí siguiendo la estela de este titular tan alucinante y sensual. O quizá seas un loco que me lee habitualmente (en cuyo caso, ¡GRACIAS!). Tanto en uno como en otro caso, antes de comenzar tengo que advertirte…



Estás ante uno de esos artículos que te prometen la verdad absoluta con luces de neón y te acaban dando una palmadita en la espalda y un fuerte dolor de cabeza. Vamos, como el 90% de los artículos que encuentras en blogs como este o en periódicos. Pero los míos los puedes leer, quizá te rías. O no. El caso es que:
1. No voy a hablar sobre qué quieren leer las mujeres.
2. No existe una guía definitiva para nada, ni siquiera para montar los muebles de Ikea.
3. Voy a hablar de lo que a mí, como lectora y mujer (hasta donde yo sé, sigo pensando que orinar de pie tiene sus ventajas) me gusta leer. Si después de eso quieres extrapolar a tres mil millones de personas más yo no me hago responsable (tampoco me responsabilizo de los posibles traumas que este artículo pueda causar).

Y ahora sí, empezamos.

Este artículo comenzó a fraguarse con este tuit:

A partir de ahí dije: okai, necesito soltar esto. «A las mujeres les gusta el romance», «Las mujeres son unas cursis», «A las tías lo que les va son los sentimientos y ese rollo», «Las mujeres solo quieren ver El diario de Noa­ y dramas de esos». Es increíble cómo los seres humanos somos incapaces de predecir con exactitud los efectos de una tormenta o un terremoto y sin embargo parecemos conocer al dedillo lo que piensa la mitad de la población mundial. Con razón luego algunos dicen que no entienden a las mujeres. Quizá es que tengan una preconcepción un tanto errónea de la mujer en general.

A mí me gusta el romance. No he visto El diario de Noa y las comedias románticas jolibudienses me parecen cargantes hasta morir. Pero Ron y Hermione, Gemma y Kartik, Raoden y Sarene, Sophie y Howl, Esmenet y Achamian, Lyanna y Rhaegar (necesito un romance no hetero en mi vida, por lo que veo. Bueno, para eso tengo a Kirk y Spock, aunque solo sea en mi imaginación). Me refiero a historias en las que el romance no es la guía principal por la que se desarrolla la trama. Romances bien utilizados, coherentes, que desarrollan a los personajes en vez de limitarlos. Odio, odio profundamente cuando me venden una historia deloquesea y acaba convirtiéndose en una novela romántica con un trasfondo de novela negra, ciencia ficción o fantasía. Y no porque no me guste la romántica (lo que es el género actual de romántica no me gusta, pero porque lo poco que he leído ha acabado siendo más erótica que otra cosa, y con violaciones por todas partes). De hecho, HAMO Cumbres borrascosas u Orgullo y prejuicio (aunque Brontë no escribe un romance de ensueño y las novelas de Austen son costumbristas, no románticas per se). Pero lo que me molesta es que me vendan una cosa y me den otra. Siento que me engañan (lee Crepúsculo, que salen vampiros, me decían). Y no me gusta que me engañen.

No solo en mi imaginación, también está esta foto.
Considero que he pasado por alto varias novelas que no especifican ni en su sello, ni en su portada, ni en su sinopsis, ni en su promoción que supuran amor por los cuatro costados (hola Sueños de piedra y Títeresde la magia). Y es que nada más empiezas a leer el romance está allí, por mucho que me intenten vender que no es lo principal, porque puede tener muchos otros mensajes, pero lo es (y es bonito <3). ¿Entonces qué odias, Laura? Odio cuando la trama principal de la novela se ve sepultada por un montón de besos y escenas de sexo que no aportan nada y ralentizan la narración, que no me hacen conocer más a los personajes, ni evolucionan ni conlleva conflicto alguno. Lo llamo romance gratuito y NO me engancha. El colmo está cuando ese romance es de una toxicidad vomitiva y no hay ningún tipo de denuncia ni contexto que lo justifique. No, mira, soy mujer y me gustan los romances bonitos y bien llevados, no los bodrios dramáticos y machistas que se comen las novelas.

También me gusta la sangre (hola, Boda Roja, señor Emperador de Monmor, se os quiere). No en plan vampiro de chupar (¡sangre, no malpienses!) y echarte purpurina por la cara (aunque quiero leer Drácula y Carmilla, y Roja como la Sangre, vergüenza sobre mi vaca por no haberlo hecho aún). Es cierto que se me revuelve el estómago con las torturas, que no soy de acero, (Canción de Hielo y Fuego, El Segundo Ocaso, La Primera Ley, Sorgina) pero si no son gratuitas (vamos, si hay que pasar por eso para romper a un personaje, qué le vamos a hacer), no me voy a poner revolucionaria. Me gustan los conflictos, aunque sean bélicos. De hecho, me encantan las batallas bien narradas (Sanderson, Virginia, os adoro), y eso que la batalla del Pelennor son tres páginas de nada. Me gustan los hombres pegando mandoblazos y las mujeres abriendo en canal, siempre y cuando su armadura cubra más allá de su pubis y sus pezones (a no ser que los hombres en esa historia luchen con el paquete apretado, entonces podríamos hacer concesiones). Resumiendo, que me va la épica. Eso sí, sin personajes planos ni deus ex para salvar al héroe en el último momento, porque no cuela.

«Me visto así para que las mujeres puedan luchar desnudas» y otras formas de contrarrestar la imagen anterior.
Me molan las historias de personajes, sean épicas o de cualquier otro tipo (El camino de losreyes, Justicia Auxiliar, La corte de los espejos, El ciclo de Xuya, Sueños de piedra). Si los personajes están bien construidos, tiene muchos puntos para que me guste. No hace falta que sean un calco de mi persona, aunque si tienen aspectos que me recuerdan a algún momento de mi vida pues empatizo mucho más rápido y me llega más a la patata, no voy a mentir. Los malos también entran en ese pack (Loki, yatusabeh). Aunque para hacer buenos personajes no hace falta que las novelas estén plagadas de monólogos interiores, me gusta la introspección, sobre todo si está bien hecha y no corta la trama (otra cosa es que yo sepa hacerlo, pero estoy hablando de lo que las mujeres queremos leer me gusta leer). Me gusta emocionarme con los personajes, reírme con ellos, llorar con ellos, sufrir con ellos (aunque sea En busca del Valle Encantado, ¿vale?). Me gusta que los personajes femeninos molen, igual que me gusta que los personajes masculinos molen. Pero hacen falta más personajes femeninos que no se limiten a ver la vida pasar  (como hacen con Hermione en el Legado Maldito) y más personajes masculinos que no traten a las mujeres como si fueran cosas que manejar a su antojo.

En Hijos del Dios Tuerto Loki no es malo. ¿O sí? Ay, los personajes grises, cuánto me encantan.
Si un libro consigue que exteriorice lo que me hace sentir es que me ha calado muy hondo. Y eso me gusta, que el escritor sepa tratar su historia para que me conmueva, sepa escarbar en mi interior aun sin conocerme para sacar lo que se proponga. Me encantan las historias que me hacen reflexionar sobre temas que quizá ni siquiera me había planteado (Cenital me dejó varios días dándole vueltas). Adoro que se den diferentes perspectivas a un problema. Amo el género fantástico porque sabe tratar temas actuales mediante metáforas y alegorías (Príncipe de nada), especula sobre otras posibilidades (La mano izquierda de la oscuridad), sobre el futuro (Switchin the red) y sobre el pasado (¿qué hubiera pasado si…?).

Hace poco también descubrí que me gusta la cifi hard. Siempre he sido más de fantasía que de ciencia ficción, pero me lo pasé pipa con El marciano, con sus patatas y su método de obtención de agua. Siempre he sido una persona curiosa, así que me gusta que me expliquen cosas, aunque tenga que releer para entenderlo medianamente bien (Luna Nueva, y no, no es la de vampiros). Quizá por eso me gusta más Star Trek que  Star Wars (tras esta confesión, declaro oficialmente este día como Día del Apaleamiento), y por eso disfruté muchísimo de Interstellar, a pesar de las licencias que se toma (menos esos últimos 20 minutos, esos no se los perdono a Nolan).


Me gusta la magia, los sistemas mágicos, los lenguajes inventados, las profecías engañosas. Cuando era pequeña tenía libretas con los hechizos de Harry Potter apuntados, con las clases, los libros, las tiendas... Quería saber idhunaico y si Juego de Tronos se hubiera estrenado antes habría aprendido alto valyrio. Ahora me apunto los mensajes crípticos de El Segundo Ocaso, tengo una tabla alomántica en casa, si tuviera tiempo dibujaría aones y me encanta comprar Solares Irreales en Ankh-Morpork. Adoro cuando los mundos me atrapan y me hacen querer ser partícipe de ellos; ¿acaso hay alguien que no quiera ir a Londres de Abajo tras leer Neverwhere?

Me gustan los finales grises, amargos, esos que te dejan conteniendo el aliento y no te dejan soltarlo. No es que todo tenga que acabar en muerte y destrucción, pero prefiero algo intermedio. También disfruto de los finales felices, pero tiendo a olvidarlos más fácilmente, quizá porque me resultan más irreales. A los finales grises les doy vueltas durante días, me recuerdan que a veces las cosas no acaban tan bien como querríamos, que hay secuelas que no se pueden borrar. ¿Acaso Frodo acaba bien tras su aventura por la Tierra Media? ¿O acaba mal y por eso se marcha?

Lo de los morenazos ha sido casualidad, pero ya que estábamos...
Esto es lo que me gusta leer, lo que quiero encontrarme cuando abro las páginas de un libro. Muerte, amor, sangre, aventura, criaturas grises, finales inesperados, historias coherentes, lugares mágicos. No creo que nada de eso me haga más hombre o más mujer. Y si a algún hombre se le ha caído el pene por leer romántica, que me lo diga. No creo en que haya historias más masculinas o más femeninas (quizá al que hizo la sinopsis de Recuerdos del cuerpo le interese saberlo). Las hay para muchos tipos de personas, independientemente de su sexo. He conocido mujeres que odian leer romances y otras que no soportan las guerras, hombres que aman a Lovecraft y otros que leen a John Green. Cada persona tiene un género al que es más afín, otros en los que se siente cómodo y algunos que no tocaría ni con un palo. No es cuestión de sexos. ¿Acaso Martin o Sanderson o Rothfuss o Sapkowski (gracias, María, por el inciso) no tienen romance en sus novelas? ¿Acaso Virgnia Pérez de la Puente, Aranzazu Serrano o Concha Perea no tienen cruentas batallas en sus historias? Dejemos de generalizar a partir de prejuicios socioculturales machistas y apoyemos la literatura sin más, y que cada uno se divierta con lo que más le guste.

Esa es la guía definitiva. Disfrutar escribiendo lo que te interesa, disfrutar leyendo lo que amas.

¿A ti qué es lo que te gusta leer?




Dalayn
Lectora por vocación. (Medio) arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

~Reseña~ Sorgina, o la mitología asturiana en un delicioso bocado




El norte de España está poblado de leyendas que poco tienen que envidiar a las de otros lugares más conocidos. Y sin embargo, nos cuesta encontrar en la literatura nacional referencias a mitologías y cuentos explotados en la Península. Solo por eso Sorgina ya merece una oportunidad, sobre todo para los que desconocemos por completo estas historias.

Esta primera obra de Alister Mairon narra las aventuras de Paloma, una sorgina o bruja que atraviesa Asturias en busca de su amada, Eloisa. La acompaña Aker, un ser misterioso con el que ha hecho un trato para que la ayude en su búsqueda. En su camino se cruzarán con diversas criaturas procedentes de leyendas cántabras y astures como son la güestia, musgosus o cuélebres.

Sorgina tiene un ritmo ágil, ayudado también porque la trama de Paloma y Aker se intercala con la de César, el enviado del responsable del proceso de Zugarramurdi, un tipo cruel y despiadado que persigue a Paloma y no parará hasta darle caza. Además, hay diversos misterios que se van descubriendo poco a poco a lo largo de la historia. Esto hace que la historia se acabe más pronto de lo que quisiéramos, con un final que se resuelve quizá demasiado rápido, sobre todo porque los personajes son bastante peculiares y dan ganas de conocerlos mucho más.



Paloma, a pesar de ser la protagonista, me ha dado la sensación que es el personaje cuya personalidad queda más desdibujada, quizá también porque se presenta como más compleja en poco espacio. Es valiente, pero también tiene miedo; es firme a la hora de enfrentarse con monstruos, pero también es piadosa. Desde luego contrasta mucho con Aker, cuyas motivaciones son completamente diferentes y su aparente dejadez solo hace acentuar su marcada procedencia sobrenatural. Pero si hay un personaje que impacta, ese es César. No me gusta hacer comparaciones de este tipo, sin embargo esta se me pasó por la cabeza mientras leía de una manera tan clara que no podía obviarla. Solo he leído La voz de las espadas de la saga de La primera ley de Joe Abercrombie, pero me pareció que César poco tiene que envidiarle al inquisidor Glokta. No en complejidad, por supuesto, y quizá tampoco en la severidad de sus castigos (como solo he leído la primera entrega no puedo valorar más). Es más bien en la repulsa que provoca en el lector (¿repulsa? ¿Glokta? Bueno, es un torturador, no es que quieras ponerte en sus manos de cirujano, que encima no suelen ser suyas). Al fin y al cabo, Glokta ha padecido una serie de hechos que lo han llevado a ser como es y estar donde está. César no aparenta haber padecido mucho ni que la vida lo haya abocado a ser quién es. Lo hace por un morboso y sádico placer. Y eso es lo que en realidad más revuelve las tripas, lo que más miedo da de él. Conseguido en una escena. Chapeau.

La autora utiliza un estilo directo tanto en la narración como en los diálogos de los personajes principales, no así en la de los secundarios y pueblerinos que vamos encontrando en la obra. Con ellos introduce el dialecto astur y aunque no da la sensación de que se use como menosprecio a los pueblerinos del lugar, sí es cierto que personajes de rangos más elevados (como el concejo o un párroco) no tienen este habla, así que lo he echado un poco en falta en este sentido.

Sorgina es una novela corta entretenida y dura, 100% grimdark. También tiene su parte sentimental, y aunque es el motor que mueve la historia quizá sea la parte que más coja se ha quedado. Me ha encantado la inclusión de la mitología astur, en ese sentido me ha recordado un tanto a Geralt de Rivia (¿y tú dices que no te gusta hacer comparaciones de este tipo? Pues llevas dos, serpentina). Aunque ya veréis que por mucho que a Paloma se le llame sorgina, es una bruja un tanto peculiar. Quizá un poco más de cosido entre aventuras hubiera ayudado a dar más profundidad a los personajes, pero se describen y se reconocen lo suficiente. Ojalá se escribieran más historias como esta, con una ambientación tan poco usual y al mismo tiempo tan bien documentada. Aunque es mejorable en varios aspectos, se disfruta y refleja un gran potencial.


Título: Sorgina
Autora: Alister Mairon
Editorial: Ronin Literario
Año de publicación: 2016
Precio: 2,99€





Dalayn
Lectora por vocación. (Medio) arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

~Reseña~ Un monstruo viene a verme, o el descubrimiento forzado de la madurez




Conor tenía una pesadilla que se repetía desde hace meses. Pero el monstruo que apareció aquella noche no era el de la pesadilla. No era el de la oscuridad, el viento y el grito. Era un monstruo antiguo y salvaje, un monstruo que venía a contarle historias solo para que Conor acabara contándole la suya… su verdad. Esta es la premisa de Un monstruo viene a verme, historia que comenzó Siobhan Dowd pero que no pudo acabar dado que murió prematuramente por culpa del cáncer. La continuó Patrick Ness; cogió personajes, premisa e inicio y dio forma a esta obra que ha sido recientemente llevada al cine.

No sería honesta si no dijera antes de opinar sobre esta novela que no es el tipo de novela que disfruto. Y que aunque me ha gustado, los motivos por los que no suelo acercarme a este tipo de historias están ahí y tampoco puedo obviarlos, por muy justificados que estén. También debo añadir que es bastante complicado analizarla sin desvelar aspectos que podrían considerarse espoilers ya que salen a la luz en partes avanzadas de la novela. He intentado contar lo menos posible, pero si queréis llegar tan vírgenes como yo a ella, os aconsejaría no leer más.

Como decía, cuando empecé Un monstruo viene a verme no sabía de qué iba el asunto, solo que aparecía un «niño» (con trece años lo de niño es bastante discutible) y un monstruo con cara de madera (espectacular, Bayona, gracias). No sabía nada más, pero para hablar del libro tengo que llegar hasta ese más que desconocía: la madre del «niño» tiene cáncer. A partir de ese dato mi nariz se torció y vislumbré el drama que podía venirse encima. Tampoco hay otra manera de enfocar el cáncer (hasta el final, que puede ser feliz o no). El camino es duro, doloroso, tanto para quien lo padece como para quienes están alrededor, y es ese camino el que recorremos cuando nos adentramos en estas páginas.



Así que sí, el lector va a sufrir (y llorar no le será complicado), pero ¿drama gratuito como dicen algunos? Bueno, si hablar de una enfermedad como el cáncer es drama gratuito, vivimos rodeados de drama gratuito. Enfermedades, hambre, terrorismo machista, guerras… Para mí el drama gratuito es otra cosa, y en Un monstruo viene a verme no hay dramas porque sí. Es el cáncer y cómo afecta al protagonista que su madre lo tenga. Esa es la esencia de la novela a primera vista.

Si vamos profundizando, en la historia subyace algo mucho más profundo, y es la madurez temprana de un joven a causa de un golpe como es la situación en la que vive. Conor se encuentra entre la infancia y la adultez, y eso le generará una serie de problemas internos y para con los demás. Una parte de él no entiende lo que está pasando mientras que la otra está por fuerza obligada a tragar con ello. Eso se manifiesta de diferentes maneras, pero solo voy a expandirme con las que me parecieron más importantes.

La primera, la negación de su entorno de lo que sucede para protegerlo. Como si trece años no fueran suficientes para darse cuenta por uno mismo de lo que ocurre. Es una negación que se va haciendo cada vez más palpable y que afecta cada vez más a Conor, hasta el punto de que me dieron ganas de gritarle al libro a ver si los personajes reaccionaban. Es frustrante. Y Ness traslada esa frustración al lector con frases sencillas y sin rodeos. No necesita explayarse para pellizcarnos el corazón con cada página. Eso no es drama gratuito, es saber hacer. Porque lo que trata de contar con ello no es lo malo que es el cáncer y lo mal que se pasa, sino lo jodido que uno se siente cuando lo tratan de diferente manera «como protección». Todos ven a Conor más pequeño de lo que en realidad es sin darse cuenta de que sus condiciones lo han obligado a madurar a marchas forzadas.

La segunda, el propio monstruo (en algún momento tenía que aparecer), que le cuenta tres historias a Conor complementarias a lo que he comentado en el párrafo anterior. Porque Conor, a pesar de su frustración, también intenta protegerse contra su temprana madurez; busca refugiarse en su niñez, cuando las cosas iban bien y todo era blanco o negro. El monstruo le enseña que el mundo está lleno de grises, que a veces las cosas no son lo que parecen, que no son ni buenas ni malas o que pueden ser ambas a la vez. Una parte imprescindible del crecimiento de la persona.



El resto de personajes se dibujan a través de la relación que mantienen con Conor: su abuela, su padre, sus profesoras, sus compañeros del colegio, incluso su propia madre. El narrador es subjetivo y muchas veces entrará en conflicto con nuestra propia percepción, aunque sabe justificarlo desde la perspectiva del protagonista. Todo ello con un estilo minimalista y cuidado, siendo capaz de contar y comunicar con el menor número de palabras posible, cosa que no es tan sencilla de realizar.

Esta novela no es una historia de fantasía «al uso». Su fantasía es más la propia de los cuentos, aunque este sea uno de los crueles, con su propia moraleja. El elemento fantástico, el monstruo, es solo una metáfora. Es una historia sobre la madurez y las contradicciones del ser humano, sobre el miedo, el acoso escolar, la soledad, sobre las muchas formas que hay de ser valiente. Sin adornos ni mayores pretensiones que hacernos mirar el mundo a través de los ojos de Conor.

De manera objetiva, si tengo que sacarle alguna pega es que las historias que cuenta el monstruo siguen el mismo patrón, por lo que la primera puede llegar a sorprender (aunque está tan forzada que apenas lo hace), pero no el resto. De manera subjetiva, no suelo leer este tipo de historias tan realistas porque lo paso mal de base (independientemente del final), y de haberlo sabido es probable que no la hubiese leído, por la misma razón que no he visto La vida es bella o La lista de Schindler. ¿Busca la lágrima fácil? No creo que esa sea su intención. Hay historias que por ser como son no podemos evitar la congoja y la aflicción, y no por ello merecen menos ser contadas. No obstante, entiendo que a algunos nos apetezca más tener otro tipo de lecturas entre manos, porque para ciertos momentos puede llegar a sobrepasarnos. Eso no quita que Un monstruo viene a verme sea una muy buena novela que muestra cómo menos puede ser más y que destapa el alma de niños que tenemos para entendernos mejor como adultos.


 Título: Un monstruo viene a verme
Autor: Patrick Ness (idea original de Siobhan Dowd)
Traductor: Carlos Jiménez Arribas
Editorial: Nube de tinta (PRH)
Año de publicación: 2014
Nº páginas: 208
Precio: 9,99€ (ebook)





Dalayn
Lectora por vocación. (Medio) arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

~Ficción corta~ Capítulo #1


Hace unas semanas empecé a buscar formatos cortos para leer en el lector electrónico. Tengo un poco de agobio ahora mismo con novelas largas y preferiría no caer en un bloqueo lector por ello, así que voy alternando antologías y relatos varios (también alguna novela, pero no demasiado extensa, por eso dudo que acabe el Reto 2016).

Aprovechando el #LeoAutorasOct he querido conocer algunas escritoras en distancias cortas y os traigo unos comentarios de algunos relatos que he leído:


El fantasma perdido, de Mary E. Wilkins Freeman

Si queréis leerlo no tenéis más que entrar en la web de la traductoraCarla Bataller, y pedir que os lo envíe. Sin duda es un proyecto digno de apoyar y os animo a hacerlo. El relato consta de apenas 18 páginas que se leen en un suspiro, aunque si sois un poco asustadizos como yo, os aconsejo que no lo hagáis de noche. No es que dé mucho miedo, pero si os parece ver una mano blanca en la oscuridad yo ya os he advertido. Me han parecido muy logrados los diálogos, me han trasladado a esa época de finales del siglo XIX, principios del XX; sientes realmente que alguien te está contando una anécdota. Eso sí, creo que la historia merecía un doble final, ya que se cuenta en medio de una conversación y parece que acabe cortándose. Pero lo que es el final de la anécdota me ha encantado.


Cerbo un Vitra ujo, de Mary Robinette Kowal

Lo podéis encontrar traducido por Marcheto en Cuentos para Algernon. De Kowal ya hablé en las recomendaciones de autoras y su saga Glamourist Histories es una de las que seguramente acabe leyendo en inglés (que no es que yo no sea amiga del inglés, es que tardo más que en español y me da pereza). Recientemente ha publicado Ghost Talkers, de la que también me llama mucho su ambientación. Pero este relato nada tiene que ver con ninguna de las dos historias. Aunque las novelas de Kowal se engloban en la fantasía, los relatos suyos que conozco son de ciencia ficción. Y sin embargo, tampoco tiene nada que ver con ellos (el mismo Marcheto lo advierte por petición de la autora en la introducción del relato). Esta historia se engloba más en el terror, aunque para mí la definición sería simplemente: desagradable. Adictivo pero desagradable. Tanto que no puedo decir que me haya gustado. Valoro mucho el estilo directo, lo real de los diálogos y el mensaje subyacente, pero la protagonista me ha parecido detestable desde el primer momento, la violencia gratuita y el final previsible. No es que sea malo, que no lo es, simplemente las historias de este tipo no son para mí. No lo recomiendo como primer acercamiento a la autora.



Por falta de un clavo, de Mary Robinette Kowal

Si queréis leer a Kowal, empezad por aquí. No me extraña que el relato ganara el Hugo, me ha encantado. La autora expone los problemas que supone depender totalmente de una IA al mismo tiempo que los dilemas morales de vivir en una nave. Todo con pinceladas breves, dejando muchas cosas en el aire pero que no son necesarias para entender el mensaje del relato. No se cuenta qué hacen los personajes en la nave, ni a donde van, ni por qué están allí, ni por qué todo queda registrado en una IA. Digamos que la ambientación se resume al entorno inmediato de los personajes, y al contrario de otras opiniones que he visto por ahí, a mí no me parece un error. Todo lo importante para meterte en la historia está en ella. Los personajes están muy bien caracterizados, todos tienen una voz propia; quizá he echado un poco de menos una descripción algo más generosa de la IA, pero desde luego no me ha importado nada la carencia de descripciones físicas de los personajes. Kowal va al grano en todo momento, comienza con un problema que da pie a algo de mucha mayor relevancia y acaba con un final de esos que me encantan. Es sobre todo una crítica encubierta al abandono y aislamiento que sufren muchos ancianos hoy en día, donde prima la funcionalidad y el ser humano es un recurso más del que servirse. Breve, conciso pero muy intenso. Quizá cuesta un poco entrar porque aunque el vocabulario no es complejo sí que tiene muchos términos técnicos aunque son fáciles de comprender. Pero merece mucho la pena. El relato también está disponible gracias a la traducción de Marcheto en Cuentos de Algernon.







Dalayn
Lectora por vocación. (Medio) arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Eurocon 2016, cuando la ilusión es realidad


La Eurocon 2016, celebrada en Barcelona, empezó oficialmente el 4 de noviembre, aunque yo  pagué mi inscripción un par de semanas después de que se anunciara en la Eurocon 2014 en Dublín, y estaba ya en la mente de sus organizadores mucho antes. ¿Cuándo empieza a fraguarse un evento tan fantástico como el que ha acontecido? Solo pocas personas lo saben (como Susana Vallejo), y yo no soy una de ellas, pero sí que puedo decir que ha cumplido con creces todas mis expectativas y las de mucha gente, así que creo que el staff puede sentirse orgulloso.

Esta va a ser la crónica de mi Eurocon, porque si hay algo que también es maravilloso es que no ha habido una sola Eurocon, ni siquiera 850 Eurocones (que era el número de los inscritos), sino quizá más de mil gracias a las firmas y eventos abiertos a todo el público.

Para ser justos, mi Eurocon comenzó el 21 de octubre, cuando hice mi maleta rumbo a tiendas catalanas y conseguí meter todo lo que tenía de Sanderson, Neimhaim, La Corte de los Espejos y un par de libros más finitos en ella. Para cuando empezó la convención ya me había arrepentido de no haber traído también Cuentos desde el otro lado y Títeres de la magia, ¡pero qué le vamos a hacer! No se puede tener todo, y tampoco es que los apretados horarios de la Eurocon dieran mucho margen. Pero ya me estoy liando. Volvamos a lo que nos interesa. La BCON en sí.

JUEVES, 3 de noviembre

Parte del escaparate de la librería Gigamesh dedicado a autoras

Contenta, feliz y nerviosa me iba a Barcelona capital cargada con una mochila de libros de Sanderson (en realidad quien iba cargado era Mr. Calamar, yo solo insistía en que me dejara llevar algún tochito). Casi una horita de tren y a eso de las 15:30 estábamos en Gigamesh, dispuestos a descargar el peso del Cosmere en las taquillas (benditas taquillas), y de todo lo que cayera en mis manos durante esa primera visita euroconera (Amanecer y Ritos de madurez de Octavia Butler, Futuros perdidos de Lisa Tuttle y Sombras de identidad de Brandon Sanderson). A esa hora la cola para la firma de ese día llegaba ya al estante de más vendidos, y eso que faltaban oficialmente 3 horas para que comenzara.

Libros a la taquilla y cuando ya nos íbamos aparecieron Isa-Janis, Mangrii y Bandinelli por la puerta. ¡Las primeras desvirtualizaciones! Más tarde llegaron Claudia y Neus (¡encantada de conocerte!) y allí estuvimos un buen rato hablando hasta que se hizo la hora de irse y justo entonces irrumpieron María Teresa y David Tejera (que me confundió con su avatar de twitter y no lo reconocí). Saludamos brevemente, María T. (que es un encanto) nos dio unos marcapáginas preciosos y nos fuimos corriendo corriendo hacia Librería Chronos, porque se presentaba Azul: El poder de un nombre y no quería perdérmela (a todo esto, la cola de la firma de Sanderson ya medía unos 10 metros fuera, en la calle, y allí encontré a Álex Páez y Marina Vidal, con una sonrisa de oreja a oreja ambos y su camiseta alomántica).



En Chronos estaban Begoña Pérez Ruiz (la autora, con la que coincidimos varias veces durante la Eurocon y que es absolutamente maravillosa), Aitziber y su pequeño (un cielo ambos, lástima que no pudiéramos vernos más), Cárdenas (¡sorpresa!), Alister Mairon (hay que quedar con más calma, pero fue genial verte y hablar contigo), Alejandro (espero que haya regresado tu voz) y Rolly Haacht (¡segundo encuentro!). También apareció brevemente Víctor Blanco, a quien le sigo debiendo unas birras (fue un placer verte igualmente, ¡gracias por pasarte!). Comenzó la presentación y Begoña se puso a hablar de su libro (que para eso había ido). Me encantó su sinceridad y honestidad a la hora de hablar de Azul, una novela palomitera, de aventuras, que permite que lectores externos al género se acerquen a la ciencia ficción, con una protagonista femenina acosada por sus propias inseguridades, multitud de razas y relaciones que van más allá de la heteronormatividad. Si queréis saber más de esta novela, hice un "streaming" en directo por el twitter de la Nave Invisible. Al acabar la presentación, Begoña me firmó un ejemplar de su bebé, me dio un par de marcapáginas y una chapita (¡gracias!) y después de pagar nos fuimos Alister, Alejandro, Mr. Calamar y yo de vuelta a Gigamesh para comenzar las 4 horas de cola del señor Sanderson (bueno, Alister se fue a casa, pero nos acompañó durante el trayecto).

En el Glups! ya estaba gran parte del club sandersoniano (¡grandes!) y mientras Alejandro se ponía al final de la cola (que ya daba la vuelta a la esquina), yo entré en la librería para saludar a Aranzazu Serrano, que estaba radiante de vikinga. La tienda estaba a rebosar, pero allí estaba ella sin perder la sonrisa firmando y sellando libros y ofreciendo aguamiel a todo el que quisiera probarlo (el naranja estaba muy rico). Fue un placer enorme hablar un poco con Aranzazu y espero que podamos encontrarnos con más tranquilidad en otros saraos. También saludé a Antonio Torrubia (de nuevo, gracias por los libros de Butler); a Concha Perea e Istel, que andaban por allí; a Íñigo, que vigilaba la cola de la firma; y de vuelta al final de la cola a esperar. Eran las 19:15 y hasta 4 horas después Sanderson no echaría mano a sus (mis) libros. Estás loca, pensaréis. Bueno, no es algo que haya negado. Pero de camino añadí a la bolsa Serpiente del sueño, de Vonda McIntyre, conversé un rato con el Librero del Mal, Humberto Revilla y Vir de la Fuente e incluso con el señor padre de Sanderson, que me preguntó amablemente qué eran todos esos post-its que plagaban los libros de su hijo (en realidad se lo preguntó a Mr. Calamar, pero no tardó en tirar la pelota a mi tejado), y así llegamos a las 23.05 y a la sonrisa de Brandon, que conservaba aun después de 6 horas de firma.

Como siempre, muy amable, quiso saber si teníamos alguna pregunta. «Te preguntaría por Hoid», le dije, «pero no creo que contestaras». «Sería relleno», respondió sorteando la pregunta. Entonces le comenté cuánto me fascinó El camino de los reyes, que me encantaba la historia, la ambientación, todo. Y él me dio las gracias porque El archivo de las tormentas es de la obra que se siente más orgulloso. Y no me extraña. Destila amor y magia en cada una de sus páginas. Foto de rigor (en las que Sanderon siempre mira a no ser que los horarios sean muy estrictos, porque le gusta dedicarle tiempo a sus lectores, y si para un escritor tan comprometido con su público hay que hace 4 horas de cola, se hacen), tochos en mochila y vuelta a casa. La cena, a las 00.30, con los pies y la espalda destrozados pero muy contenta.

VIERNES, 4 de noviembre


Oficialmente, el primer día de la Eurocon comenzó a las 7.30, una horita de tren y la llegada al CCCB a eso de las 9.45, con tiempo de sobra para recoger la acreditación y acudir a la presentación de la convención. Sergi Viciana nos echó amablemente menos de 25 años y nos dio la bolsa de bienvenida mientras conversábamos con Pep Burillo (¡tenía muchas ganas de verte!). Encuentro con mi grupillo tuitero favorito y camino al teatro para la inauguración junto con Begoña y Claudia. Después de varios discursos y la intervención de varias personalidades (y la fabulosa traducción de Diego García Cruz, que va sumando fans en cada intervención), Ian Watson descubrió la bandera de la Eurocon.

¡La foto es tan maravillosa como el fotógrafo!
Acabado el acto y tras un breve paso por el puesto de la AEFCFT, algunos tomamos camino a Casa del Libro y el encuentro bloggero con Brandon Sanderson (al que tuve el inesperado honor de ser invitada y por lo que estoy inmensamente agradecida a Nova). Ansiosos, nerviosos y muy ilusionados todos por charlar con uno de nuestros escritores favoritos, llegamos a la hora acordada, y pusimos las sillas en círculo con la ayuda de Ilu Vílchez. Sanderson no se hizo esperar, acompañado de su editora española, Marta Rossich. Preguntamos por su proceso de escritura, sus fuentes de inspiración, sus personajes favoritos, del Cosmere y lo que no es Cosmere y de las adaptaciones cinematográficas de su obra (apunté algunas cosillas, pero si no recuerdo mal Mangrii y Maria T. grabaron el audio, así que intentaré hacer un articulillo resumen del encuentro Isa-Janis ha hecho un articulazo que no os podéis perder). Firmas, fotos y alguna sorpresilla que conoceremos en breve. No sé quién disfrutó más, si Brandon o nosotros, pero sin duda es un tipo cercano, que disfruta con estos intercambios, que sueña tanto como sus lectores con sus libros (con esa escena tan ansiada del cuarto de Stormlight que nos dejó el hype por las nubes). Se le veía contento por estar aquí en España, por el baño de multitudes que se había dado la tarde anterior (a pesar de todas las horas que eso comportó), entusiasmado. Es un amor, ya lo demostró en el Celsius y lo ha vuelto a dejar claro en esta ocasión.

Cuando terminamos, algunos se fueron a comer, pero a mí me tocaba acudir a la entrevista de Johanna Sinisalo, la autora finlandesa que trabajó en el guión de Iron Sky, una película en la que los nazis llegan a la cara oculta de la luna. Su novela más famosa es Troll (traducida en español como Ángel y el troll, publicada por Poliedro en 2006). Fue bastante entretenida (a pesar de que yo estaba cansada y me costaba prestar atención a la conversación en inglés). Destaco un comentario sobre que hizo específicamente una historia desde el punto de vista de un hombre porque se dio cuenta de que siempre lo hacía desde el de una mujer, y también una distopía que algunos hombres toman como utopía por aparecer mujeres domesticadas y sin educación.

Después vino una mesa redonda a la que le tenía muchas ganas, «How to build a fantasy world» y que tengo que ver otra vez, pues entre lo cansada que ya estaba y los distintos acentos de los ponentes, he de decir que estuve bastante desconectada. A eso también contribuyó la actitud de Sapkowski, que no me gustó nada (algunos dicen que no entendí su humor, es posible). Más que sus comentarios me molestó la condescendencia con la que trataba al resto de escritores. Entiendo que en una mesa redonda no todo el mundo tiene que estar de acuerdo (así se genera debate), pero no comprendo el interés en asistir a una charla donde la aportación de la voz discordante va a ser prácticamente nula. Me decepcionó bastante, la verdad.


La siguiente charla fue la de Cristina Jurado, «La ciencia ficción en los países árabes», la cual me sorprendió bastante por los ejemplos que puso Cristina, sobre todo los de autoras. Además había proyectos muy interesantes, como el de Noura al-Noman, que traduce obras de ciencia ficción al árabe, empezando por Justicia Auxiliar, o la antología Iraq +100: stories from a century after the invasion, donde también hay autoras como Anoud o Zhraa Alhaboby.

Como eran ya las 16:00 y no habíamos comido, fuimos a buscar a Carbaes a la fnac, a darle su invitación para que  Sanderson pudiera firmarle un libro y a comer por el camino. Carbaes es más salá que las pesetas y me regaló un ejemplar de Belcebú, de Emilia Pardo Bazán, con marcapáginas y post-it incluido. Estuvimos charlando un buen rato hasta que volví al CCCB para asistir a la charla sobre «Género y posthumanismo en la ciencia ficción». Me esperaba otra cosa de esta mesa redonda, donde además de tratar de definir el posthumanismo, se dieron ejemplos de películas como Ex-Machina, Metropolis o Her sobre el tratamiento del personaje femenino en dichas películas. También se mencionó Consecuencias naturales, de Elia Barceló (eché de menos una mención a Ursula K. Le Guin, ya puestos). Pero me molestó una respuesta hacia una de las preguntas del público sobre géneros no binarios, donde uno de los ponentes insinuó que como todas las personas tienen deseo sexual, en determinados momentos eligen un género u otro determinado, así que al final se reduce a géneros binarios. A los aces, si eso, para otro día. Tengo que ver las otras charlas sobre queer, pero invisibilizar al colectivo asexual de base no me parece un buen punto de partida.

Para terminar el día acudimos a la mesa redonda sobre «La influencia de la historia y autores europeos sobre la obra de George R. R. Martin». Lo cierto es que yo ya estaba cansadísima y me enteré de más bien poco, aunque  hubo demasiada interrupción a Linda y la negación de que los Jardines del Agua pudiesen estar ambientados en la Alhambra terminó de desconectarme. Así que lo mejor de la charla fue poder desvirtualizar por fin a uno de los jefazos de Asshai.com (donde cumplo ya 10 años de permanencia), que resultó ser un tipo encantador, y charlar con él y con Eleder.

La charla no duró mucho, me despedí de ellos y de Claudia y nos fuimos corriendo al Glups! y la fiesta de Supersonic, donde volvimos a encontrarnos con Isa, Mangrii, Bandinelli, Álex, Carla, Maria T., David… Luego aparecieron Manuel de los Reyes y Pilar Ramírez Tello, que se quedaron por allí; hablé un poco con Lola Robles (si estáis por Madrid, no os perdáis sus talleres) y nos fuimos a cenar a un chino para completar la dieta asiática de Mangrii. Cuando volvimos la fiesta había acabado como quien dice y me quedé con mis amigos asshaitas un rato más hasta que nos volvimos en el último tren a casa.

SÁBADO, 5 de noviembre

Lola Robles hablando de feminismo y escritoras de ciencia ficción españolas

El tren salía cuando llegamos a la estación y lo perdimos. Así empezó el segundo día de Eurocon y nos perdimos la primera charla del día que teníamos planeada: «American Gothic contra Gótico Ibérico». Eso nos permitió dar una vueltecita por las tiendecitas, comprar los libros de mis queridas compañeras de tripulación (Las cenizas que quedan, de Andrea Prieto Pérez, y Horizonte Rojo, de Rocío Vega) y también Barcelona Tales, que me vendió y firmó el propio Ian Whates (¡es super simpático!). Además conversamos un poco con Pep antes de ir a la charla sobre el «Estado de la cifi española: ¿tradición o revolución?». Me pareció que hubo un discurso muy interesante por parte de los tres ponentes: el análisis sociopolítico del fandom, las escritoras y el feminismo desde principios del siglo XX (Emilia Pardo Bazán, desde septiembre dándome guerra), y la falta de crítica política y el conservadurismo en general. Si os interesan estos temas, os recomiendo ver la mesa redonda.

Luego tocó conocer a albinos (malvados, neutrales, buenos y místicos) de la mano de Aranzazu Serrano y Concha Perea, ya que ambas autoras han utilizado seres albinos en sus propias novelas. Más allá de los ejemplos me parece destacable las diferencias culturales en el tratamiento de personas albinas así como los datos arrojados por la Organización Nacional de Albinismo e Hipopigmentación. En la charla sobre «Wonder women: (techno) heroínas feministas para el siglo XXI» me falto quizá Ms. Marvel, pero desde luego fue un surtido de cómics de heroínas bastante grande, muy interesante sobre todo para quien tenga interés en este tipo de cosas (se nombró Phantoma, Wonder Woman, Promethea, Hulka, Poison Ivy, Mystica, Bruja Escarlata, Elektra, Viuda Negra, Cat Woman, Bat Girl, Iron (wo)Man, Moon Girl).

Como hubo pequeñas variaciones en los horarios, comimos deprisa con Claudia y fuimos al taller de «Mundos de fantasía» que impartía Sofía Rhei, de donde saqué varios libros de consulta y algunos consejos sobre escritura, como por ejemplo el tratamiento de los cinco sentidos (y no solo el visual). Hay que decir que Sofía trató temas muy importantes en la configuración de una historia con claridad y una suerte de ejemplos que plasmaban su gran imaginación.

Yo quiero una abuela así

Al terminar fuimos corriendo a Gigamesh porque nos tocaba entrevistar a Lisa Tuttle (millones de gracias a la editorial y a Zeta por el ofrecimiento, estamos trabajando en ello). Lisa es una mujer brillante, muy maja y con un acento maravilloso que nos hizo muy fácil seguir la conversación (Mr. Calamar informó de que se oían nuestras risas en toda la librería, pero es que dentro de la seriedad también hubo varias cosas divertidas). Era la primera vez que hacía algo así, estaba nerviosísima, con la boca seca y se me trababa la lengua, pero creo que salió bastante bien (¡o eso espero!).

Después regresamos corriendo al CCCB para la charla de Sanderson (¿he dicho ya que es un señor fabuloso?). Preguntas muy buenas de Ricard, geniales las de Marina acerca del Cosmere. Fue una lástima que la intérprete no tuviera más tiempo de prepararse (la avisaron aquel mismo día), pues las referencias fantásticas no las mencionaba (y una sobre Rothfuss me pareció bastante significativa). Mis amigos se marcharon rápido tras acabar porque tenían la cena de gala de los Ignotus. Mr. Calamar y yo nos quedamos hablando un rato con Eleder y el Setón (¡foto! ¡foto!) y después de no lograr contactar con Víctor Blanco acabamos cenando con Claudia en el restaurante japonés Koyuki (¡por fin lo encontramos abierto! ¡Tempuraaaaaa!). Un rico helado, y a dormir «temprano».  Un día tan magnífico como el anterior.

DOMINGO, 6 de noviembre

De izq. a drcha: Alberto Plumed, Josu Gómez, Rebeca Pérez y Rubén Briongos

El último día de Eurocon amaneció con una disyuntiva: ver al señor Sapkowski otra vez después de la mala experiencia del primer día o dormir quince minutos más y ver a nuestros amigos de la sociedad Tolkien hablando sobre educación. Ganó el profesor gracias a Eleder y Alberto Plumed, que junto a sus compañeros dieron muy buenos  ejemplos de las aplicaciones académicas de la obra de Tolkien. Es una charla que recomendaría mucho a profesores, ya que conozco algún colegio en el que más que asignaturas hay un tema común sobre el que se trabaja en diferentes áreas. La Tierra Media puede ser un tema tan bueno como cualquier otro.

La entrevista a Aliette de Bodard (¡conseguí su firma!) fue todo lo que podía pedírsele. Amena, cercana y muy interesante. Su trilogía Obsidian and Blood será autopublicada (según entendí) tras varios años en el mercado después de haber recuperado los derechos sobre ella en 2015. También ha creado una web para visibilizar escritoras de habla inglesa (¡yuhu!). Muy en contraste con la de Rosa Montero, que me puso de los nervios con sus continuas interrupciones y cortes a la intérprete (además a la inversa, que me parece aún más complicada). Eso sí, me gustaron los temas que trataba en sus novelas (el paso del tiempo y la muerte), así como sus ideas sobre la memoria y la identidad.

Y atención al acontecimiento del día… ¡comí en un vegetariano! (no es que hubiera hecho ninguna apuesta en contra, pero era mi primerito día). Y eh, estaba rico y me hinché, aunque si la salsa no hubiera tenido comino me habría hinchado aún más. Además era el día que más tiempo tuvimos para comer y fue un placer compartir el rato con Carla (que además me dio un trocito de su hamburguesa que no tenía salsa), Claudia y Maria T. (¿he dicho ya lo majas que son?). Luego volvimos al CCCB, Claudia compró algún libro, miramos saldos en inglés, Ian Watson me firmó en su relato de Barcelona Tales (eché de menos el bastón de este señor, al que siempre es un placer escuchar) y entramos con Iria, Selene (con las que me he cruzado mucho todo el fin de semana) y Carla a ver la entrevista con Lisa Tuttle. La autora demostró una vez más que es encantadora y que los temas que trata en su obra la ayudan a crear una atmósfera inquietante al tiempo que el lector se sumerge de lleno en la historia. Me gustó sobre todo su comentario sobre la literatura infantil, que a ella le parece más complicada porque el vocabulario y el tema tiene que adaptarse a la edad del lector a la que va dirigido. ¡Esta mujer hace de todo! (y también conseguí que me firmara Barcelona Tales. ¡Yay, 4 firmas!).

Ahora llegaba ya el turno de despedirse del todo, no sin antes conocer a una chica de la República Checa que estaba organizando una antología de mujeres y que además había escrito un relato en español. La recepción seguía rebosante, con gente yendo y viniendo entre los puestos, mirando las portadas de Corominas para Canción de Hielo y Fuego, todo caras sonrientes, incluso las de los organizadores. Había cansancio, sí, pero mucha ilusión en el aire, una emoción contenida porque en general todo había salido bien. ¿Hubo errores? Seguro. Cambios de aula a última hora que si no tenías la aplicación era difícil que te enteraras, charlas que empezaban antes de la cuenta, bajas… seguro que el staff estaba de los nervios, pero mi impresión es que todo estaba bajo control y el impacto entre los asistentes fue el menor posible.

Gracias a todos los que hay y los que faltan, ha sido fabuloso compartir con vosotros estos días

Desde mi cubil, a todos los que han hecho posible esta BCON, solo puedo decirles GRACIAS. Gracias por estos maravillosos días llenos de gente tan espléndida y charlas tan interesantes. Gracias por los regalitos de la bolsa de bienvenida, los streamings y el buen ambiente. Gracias por el trabajo, la disposición y las horas invertidas. Creo con total sinceridad que han merecido mucho la pena y que ha sido un fin de semana tan mágico como deseaba Elías Combarro en la inauguración.

Esta ha sido mi Eurocon, una entre tantos cientos. Como no pude quedarme a la clausura, acabaré con una frase de María Espasa, coordinadora de la oficina de «Barcelona, Ciudad de la Literatura», que creo que resumen muy bien gran parte del programa que hemos visto en esta Eurocon:

«La ciencia ficción será feminista o no será».


Otras crónicas molonas:



Dalayn
Lectora por vocación. (Medio) arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Abusar tiene consecuencias


En un principio no iba a escribir este artículo porque total, Rocío Vega ya lo había dicho (casi) todo en su momento. Pero luego recordé a Concha Perea hablando de roles de género, junté ambas ideas en mi cabeza, y ¡pum! se convirtió en chocapic esta entrada que lees.

Hace mucho que leo, mucho que leo fantasía y mucho que leo fantasía adulta. Al mismo tiempo, hace muchos años que escribo relatos, que tengo ideas para novelas, incluso algunas que llegué a abandonar. Y en todo ese tiempo apenas había sido consciente o me había planteado cómo se utilizan los personajes femeninos en algunas historias para que la trama avance o cómo se caracterizan para que no sean simples floreros. De personajes femeninos ya hablé y hablaron muchos colaboradores hace unos meses y sobre tests tiene un extenso análisis Cuervo Fúnebre, así que no me extenderé mucho en esa parte e iré al grano.

Cuando comes mucho, llega un momento en que te hinchas y no puedes más. Y si aun así sigues comiendo, lo más probable es que acabes vomitando. Cuando fumas, y fumas mucho, tienes todas las papeletas para pillar un cáncer de pulmón. Cuando tomas mucho paracetamol o ibuprofeno, acabas tolerándolo y deja de hacerte efecto. Cuando abusamos de algo, eso tiene unas consecuencias, y por lo general no suelen ser buenas.

Las novelas de fantasía y de ciencia ficción en buena parte están pobladas de violencia: guerras, luchas, combates, torturas, miembros cercenados, heridas, muertes… Si te cortan, sangras; si te queman, gritas y es posible que quedes muy feo; si te atraviesan el corazón o algún órgano vital, tarde o temprano acabas muriendo. Heridas físicas, consecuencias físicas. Cuesta más ver valoraciones psicológicas a no ser que sea un tema central de la historia. Por supuesto, tenemos al Perro (Canción de hielo y fuego) y su trauma con el fuego o Goodnight (Los siete magníficos) y su trauma con la guerra y las escopetas, por poner un par de ejemplos. Pero no suele ser lo habitual. Tampoco es que haya que hacer un drama de cada herida de guerra, y es positivo demostrar que no hace falta ver (Isma'il en La Corte de los Espejos) o disponer de todas las extremidades en plenas facultades (Ojoloco Moody en Harry Potter) para ser útil. Las heridas y los traumas pueden superarse, y quizá habría que profundizar más en ello, pero no es de eso de lo que quiero hablar.

Desconozco los motivos o el origen de cierta praxis asentada en la literatura, si es porque ha habido y hay más hombres que mujeres que escriben, si es porque tanta violencia nos ha hecho tolerantes y no nos damos cuenta cuando leemos o escribimos (me incluyo), si es porque las víctimas viven en silencio por la vergüenza y la escasa empatía para con ellas de la sociedad y en general desconocemos cómo se sienten. Pero el hecho es que los abusos sexuales se tratan más de una manera física que psicológica en la ficción, a no ser que sean el tema a tratar. De hecho, en ocasiones incluso se describen con pelos y señales, con una exactitud morbosa, como si con ello la escena quedara más verosímil. Y, por supuesto, siempre son a mujeres (menos, por ejemplo, en Outlander o Títeres del Azar, que siempre ha excepciones).


Personajes femeninos fuertes porque han superado ese mal trago, personajes femeninos secundarios que hay que salvar, personajes femeninos florero que hacen que otro personaje actúe como venganza (mujeres en la nevera). Y pocas veces se trata lo que psicológicamente padece la víctima. En los últimos tiempos no paran de salir testimonios de chicas (más adultas, más adolescentes) que han sido forzadas y las descripciones son similares: asco, suciedad, impotencia, vergüenza, autocompasión, miedo, traumas que se visibilizan en el rechazo al contacto, al tratamiento con personas de otro sexo, en falta de apetito sexual, incluso en depresiones más o menos profundas que pueden llegar al suicidio en casos extremos. Como debería ser obvio, no todas las agresiones sexuales conllevan las mismas consecuencias porque cada persona reacciona distinto, pero de ahí a la invisibilización que se da en la ficción hay un trecho largo.

«Es que no está el punto de vista del personaje», «es que ralentiza la trama», «es que eso es muy sentimental y mi novela va de mamporrazos». No sé cuáles son las razones que llevan a pasar de un hecho así, como si fuera un corte que sangra y que con paciencia y salivica con el tiempo se quita. Quizá, simplemente, es que no pensamos en ello. Al fin y al cabo, eso pasó hace mucho tiempo y solo vemos sus consecuencias a largo plazo, cicatrices de una vieja herida. O quizá es solo un honor mancillado que debe ser devuelto y lo que importa en realidad es cómo se venga otro personaje. A lo mejor lo que deberíamos plantearnos antes de escribir es que si vamos a banalizar un abuso sexual reduciéndolo a algo meramente físico, lo que tendríamos que hacer es usar un recurso que tuviera solamente consecuencias físicas, en vez de obviar las psicológicas «porque no me apaña». O como mínimo, tener en cuenta que una violación no es otro acto violento más contra el cuerpo, no se reduce a una apropiación forzada de lo ajeno, sino que repercute en la psique en cuanto que busca una posición de poder del abusador respecto de la víctima hasta reducirla a un objeto. Y a nadie le gusta sentirse un objeto. Lo que hacemos cuando olvidamos los efectos que tiene una agresión sexual en la mente de la víctima es reducirla a un objeto que se rompe y se recompone (o no). Y, ojo, con esto no me refiero solo a la penetración, no hace falta llegar a eso para que a alguien lo estén agrediendo.

Por otra parte, como también he comentado, la violación se utiliza mucho como recurso para caracterizar personajes o hacer que la trama avance. Yo misma hace unos años escribí un texto (que en algún momento de mi vida será el prólogo de una novela, espero), y sin ton ni son en 5000 palabras  metí una violación porque oye, la prota era una esclava, el tío era un machote asqueroso, se puso cachondo, y aquí te pillo, aquí te mato. Después la chica se sentía sucia, se culpabilizaba, creo que se llegaba a autolesionar por el odio que sentía hacia su cuerpo… vamos, que no es que lo banalizara. Sin embargo ahora, después de muchos años habiendo leído violaciones ficticias sin darles mayor importancia que cualquier otra forma de violencia (y gracias entre otras cosas a conversaciones con otros lectores y más recientemente en la Nave Invisible) me pregunto el porqué de esa violación, si realmente  era necesaria para crear un personaje vengativo y manipulador  o si podría haber escrito cualquier otra escena horrible (como una paliza brutal) que no conllevara un recurso tan manido.

Porque eso es lo que es ahora, un recurso fácil (como el famoso derecho de pernada).«Oh, es una guerrera porque abusaron de ella y aprendiendo a luchar no le volverá a ocurrir», «oh, es una mujer independiente que no quiere vivir a la sombra de ningún hombre porque uno la forzó», «oh, qué casualidad, están abusando de la chica que me gusta y justo llego para salvarla», «oh, voy a vengarme del cabrón que le ha hecho esto a mi amiga», o el más reciente que me he encontrado, «oh, necesito atrapar a este hombre para interrogarlo y sé que va detrás de esta chica, si la sigo y espero a que la asalte será mío» (seguido de un «oh, no, cabrón, me has usado de cebo, ahora en compensación tendrás que hacerme un favor»). Ojo, con esto no estoy diciendo que no sea un recurso válido. Solo que quizá, antes de usarlo a la ligera, deberíamos plantearnos qué contexto tiene, qué conlleva y qué consecuencias puede ocasionar. No me creo que una chica de la que han estado a punto de abusar se tome tan «bien» que la hayan usado como cebo sexual. No creemos que todos los hombres sean potenciales violadores (hay feministas que sí, y por una parte lo entiendo aunque no lo comparta, pero que me lluevan piedras) y sin embargo en cuanto uno se calienta y recibe un no como respuesta describimos un abuso sexual en toda regla, como si eso fuera «lo normal». Porque con el abuso del abuso lo que estamos consiguiendo es eso: normalizarlo. «Es que es lo que hay», o mejor aún, «medievoooo» (si creéis que otro medievo es posible, os invito a pasar por aquí). «Es que los hombres reaccionan así». Pues mira, hay mucho cabrón suelto, no digo que no, pero que yo recuerde a Joffrey no le hacía falta ser un violador para ser el mayor canalla de Poniente.

Lo cual nos lleva al siguiente punto, y que tiene más que ver con lo que decía Perea en el vídeo.

«Deberíamos normalizar el rol de las mujeres dentro de la literatura fantástica. Y que no nos importara el sexo de quién fuese el personaje. (…)Lo que os aconsejaría a la hora de crear un personaje es que pensarais primero en su función, y luego si queremos hacerlo masculino o femenino sin preocuparos de si una mujer puede hacerlo o no, porque lo más seguro es que pueda hacerlo tan bien como cualquier hombre y viceversa. Así que no os preocupéis por el sexo de vuestros personajes a no ser que por algún tipo de cuestión de trama el sexo sea algo determinante para configurar al personaje».

Esto me lleva a hacer tres reflexiones:

De la primera ya habla Libros y Mazmorras en uno de sus fantásticos artículos sobre personajes femeninos. Y es que muchas veces encontramos que los hombres pueden ser malos porque sí (está en su naturaleza blablabla), mientras que las mujeres tienen que tener algún tipo de encuentro traumático por el cual son malvados témpanos de hielo (porque claro, las mujeres tienen que ser todo amor y sentimiento *suelta una risa escéptica*).

Deadpool y Psylocke. ¡Gracias, iniciativa Hawkeye

La segunda también la explica de maravilla Libros y Mazmorras y se refiere a la mirada masculina. Esa manera de describir a los personajes femeninos que no utilizamos con los masculinos, destacando rasgos físicos que apenas sirven para caracterizar y distinguir al personaje y que no se centran en él como persona (para esto también puede ayudar la regla de tres de Gabriella Campbell). Esto puede parecer absurdo hasta que cogemos una descripción típica con senos turgentes y la cambiamos de sexo. Entonces nos parece ridícula. ¿Por qué no cuando la hacemos de un personaje femenino? Ajam. Sexualización al poder.

La última (después de este breve lapso) vuelve al tema de las violaciones. Como he señalado, entiendo que es una forma de violencia y que al igual que hay miembros cercenados pueden aparecer abusos sexuales en una novela. Ahora bien, ¿por qué esos abusos van en su mayoría dirigidos a mujeres y no a hombres? «Es que es una sociedad machista». Vale, sigamos escribiendo eternamente sociedades machistas, ambientadas incluso en futuros lejanos con civilizaciones humanas que olvidaron sus orígenes. Maravillémonos del avance tecnológico que imaginamos para la humanidad y demostremos que en lo social continuamos siendo unos carcas retrógradas incapaces de imaginar nada diferente ni mejor, ni para las mujeres, ni para la comunidad LGBTA. Si somos capaces de romper a un hombre de tantas maneras que no incluyen una agresión sexual (bullying, presión parental, asesinato familiar), ¿por qué no podemos hacer lo mismo con las mujeres?

Con esto no pretendo ni sentar cátedra ni dilapidar a todo aquel que tenga una violación en su historia. Solo es una reflexión como lectora (y proyecto de escritora) que quiero compartir y que me gustaría que llegara a otros lectores y escritores por igual. Y luego cada mochuelo a su olivo y haga lo que mejor le parezca. Pero al menos que sea habiendo reflexionado sobre este tema y siendo consciente de la situación. Porque al final las cosas cambian cuando nos las planteamos, cuando encontramos algo que hacíamos por inercia sin pensar en todas las implicaciones que conlleva y todas las que estamos pasando por alto. No es cuestión de hacer un tratado de ello, pero un abuso sexual es un drama, y si no queremos dramas, quizá lo que tenemos que hacer es prescindir de incluirlo en una obra en lugar de hacer como si nada. No se trata de prohibir las violaciones en fantasía (no estoy diciendo eso en absoluto), pero a lo mejor deberíamos preguntarnos qué queremos conseguir con ellas. ¿Es algo que tiene que ocurrir porque la historia lleva a ello? ¿O solo aparece para que un personaje (ya sea la propia víctima u otro), reaccione a ella y la trama avance? ¿Podría estar esa escena mejor tratada, podría intercambiarse por otra y que el resultado fuera el mismo (o aún mejor)? Siempre vemos quejas de «sexo gratuito», pero ¿se utiliza esta forma de violencia de manera gratuita? ¿Le damos la importancia que tiene? Tanto escritores como lectores. Ya digo, hasta hace menos de un año yo no me planteaba estas preguntas. Y sin embargo cuestionarnos es la única manera de romper con el molde establecido, de ser más conscientes de lo que consumimos y de lo que creamos. De avanzar.




Dalayn
Lectora por vocación. (Medio) arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.