domingo, 28 de agosto de 2016

~Relato~ Al compás de una estrella




Se retuerce, agotados su cuerpo y su alma. Gira sin saberlo al compás de una estrella que, como ella, va muriendo poco a poco. Demasiado rápido y demasiado lento. Su único consuelo es la inconsciencia, pero el sueño huye de sus pesadillas. Desea que mañana no sea otro día, que llegue el silencio, que callen las voces, los ecos de las canciones alegres que ha olvidado. Acaba meciéndose en hilos de agua y sal y solo entonces la oscuridad la consume. Aún más.

Palabras propuestas: ecos, canciones, muriendo
 



Dalayn
Lectora por vocación. (Medio) arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.

viernes, 26 de agosto de 2016

~Cine~ "Escuadrón Suicida", o del arte de dar palos de ciego



Más vale tarde que nunca, o eso dicen. Esto de ver las películas cuando medio mundo ya las ha sobreanalizado hasta el hastío tiene sus pros y sus contras. El pro más importante: es un bálsamo infalible para el control de expectativas. Al saber lo que uno se va a encontrar más o menos, es posible deshacerse de toda intentona de búsqueda de errores para centrarse en disfrutar las cosas buenas que pueda ofrecer. El contra más puñetero: que es totalmente imposible deshacerse de todas aquellas críticas negativas que ya has leído hasta la saciedad, hasta el punto de que es imposible no verlos.

Pero quiero empezar por lo bueno. Antes de nada (como siempre) es de rigor avisar que esta reseña va a ir hasta las cejas de espoilers. No espoilercillos de esos que no te das ni cuenta. Hablo de espoilerones como casas que pueden machacar la película. Avisados quedáis.

Con todos sus puntos flacos, es una película que se deja ver. Tiene acción y chascarrillos a montones, así que es medianamente entretenida para la mente que no busca más que BOOM BOOM ZAS ZAS TATATATATATA PEW PEW FSCCHIUUUUUU. En ese sentido cumple más que de sobra, entregando una trama simple, en la línea de una película más de superhéroes (notad que he dicho superhéroes, y no supervillanos, que es lo que nos vendían en las promos). Nada especial.

Oye, ¿en tu contrato no decía que éramos los malos?
Otro punto bueno: Margot Robbie y Will Smith como Harley Quinn y Deadshot, respectivamente. Sobre todo en la primera mitad de la película se sienten como adaptaciones palpables y reconocibles de los personajes de los cómics. Me alegré mucho de encontrar positivo este aspecto ya que era una de las cosas que más me preocupaban cuando se anunció años ha. Ambos hacen un trabajo loable cuando el guión se lo permite, e irradian carisma a borbotones cuando aparecen juntos en el plano.

El caso de Leto, muy comentado por aquellos lares de infinita sabiduría que es internet, me tiene dividido. Si bien el doblaje no ayuda a que me crea al Joker, en la película hay demasiado poco metraje suyo como para poder valorar su participación como algo positivo o negativo. Pienso que podría haber hecho mucho más, y mejor. Pienso también que si en el futuro usan al Joker como es debido Leto puede lucirse mucho más. Porque al final, a pesar de mucho «método» y leyenda urbana sobre su preparación para el personaje, han incluido tan poco de su trabajo en el filme que apenas se puede entrar a valorar.

Moviéndonos a un plano más negativo, mi primera impresión al salir del cine fue que a Ayer le habían “JoshTrankizado”, y que Escuadrón Suicida había sido “CuatroFantastizado”. Me explico: Entiendo el proceso mental que llevó a Fox y Warner respectivamente a acudir a estos dos directores noveles para encargarles la realización del reboot de Los Cuatro Fantásticos y Escuadrón Suicida. El primero, con Chronicle, había demostrado que podía hacer una película de adolescentes experimentando con sus nuevos poderes de una manera exitosa (perfecto para lo que debió haber sido 4F al final). El segundo, con Sabotage, había demostrado ser muy hábil a la hora de representar a un grupo de tipos duros que no dudan en volverse contra ellos mismos con tal de llevarse el dinero (también perfecto para lo que debía haber sido Escuadrón Suicida). Sin embargo, y tal es la mentalidad ejecutiva, el producto que ambos entregaron no terminó de gustar a los directivos en cuestión, a los que les entró el canguele y decidieron «arreglarlo» para evitar un posible fracaso en taquilla.

Cuestionándose el sentido de la vida.
Lo que ocurre es que el resultado final, que en ambos casos prometía ser subversivo y dar un aire fresco a un género cada vez más lastrado por sus propios convencionalismos, acaba siendo un batiburrillo de las buenas ideas iniciales mezclado con los clichés más trillados del cine superheroico. Al final, el resultado es peor porque a la película le cuesta sostenerse por carecer de cimientos fuertes. He notado demasiado el intento de «vamos a meter ya lo que le gusta a la gente en la película, no vaya a ser que innovemos demasiado». ¿Que a la gente le gustó mucho el tráiler por el buen uso de la música que hacía? Pues metemos siete canciones distintas en los primeros diez minutos de película. Y después también. Que oigan, no me malinterpreten, las canciones son buenísimas; parecía escuchar mi lista de favoritos de Spotify. Pero el bombardeo de clásicos de rock se hace cansino por la necesidad de usarlo cada dos por tres.


Ese miedo a innovar «por si fracasa» infecta a Escuadrón Suicida como una gonorrea mal cogida. Los personajes, que nos vendieron como «los malos», acaban comportándose como nunca lo haría su homónimo en el cómic. Igual que he dicho que al principio Harley y Deadshot eran como debían ser, conforme traspasamos el ecuador de la película van perdiendo su identidad hasta volver al maniquí con ojos y comportamiento al uso con el que los directivos están más cómodos. Por ejemplo, en la escena del bar, Harley Quinn, conocida por ser una psicópata sumisa a Joker y además estar como una cabra, intenta RAZONAR con el Diablo. En serio. Razonar. Harley Quinn. Seriously. No es consecuente con su personaje, y ahí pierde credibilidad.

Hablando de el Diablo. Se une al Escuadrón, ¿Cuánto tiempo? ¿Cuatro horas? ¿Y eso es tiempo suficiente como para que al final de la película aparezca diciendo “no quiero perder a mi familia otra vez”? Sin empezar a hablar de Encantadora, que la convierten en un villano más de usar-y-tirar, plano como la línea de pensamiento de un concursante de Mujeres, Hombres y Viceversa. Slipknot, al que presentan como «ése», y que matan a los tres segundos de empezar la operación. Boomerang, que da mucha vergüenza ajena y aún no estoy muy seguro de por qué narices debe estar con el Escuadrón. Las posibilidades que abrían con sus ideas iniciales se ven masacradas por la propia inutilidad de los que mueven los hilos y están dificultando el despegue de la franquicia DC.

¿Que tenemos que enfrentarnos a ESO? ¿ESA MIERDA?
Voy a parar aquí porque creo que he dejado mi posición bien clara. Me da mucha rabia porque podría haber sido la prueba que Warner necesitaba para demostrar que se preocupan por el producto que tienen entre manos. Sin embargo, lo que han demostrado es que para ellos no hay diferencia entre hacer DC, Marvel o Image comics. Para ellos, la propiedad intelectual que tienen en su poder es «tipos con trajes raros dándose de palos con otros tipos de trajes más raros», sin ver más allá. Y por eso sus películas pierden fuelle y apoyos constantemente.

En definitiva, es una película normalucha, de mata-al-villano al uso, sin aprovechar el gigantesco potencial que los personajes de otorgaban. Una pena.

¿Merece entonces un FUCK YES? Pues no. Ni fuck, ni yes, ni meh, ni nada. No digo NO, porque tampoco la considero mala de suspenso. Pero estoy demasiado enfadado como para otorgarle el MEH que se merece.





Charles D.
Filólogo, lingüista, lector irredimible y cinéfilo/seriéfilo empedernido.Digo muchas tonterías en Twitter (@OrdHum). También escribo si me dejo. 

miércoles, 24 de agosto de 2016

~Reseña~ El dios asesinado en el servicio de caballeros, o una divertida aventura en un submundo que traspasa fronteras




Soy a quien llamas cuando la chica de la curva te ha robado el coche. Soy a quien recurre el hombre del saco cuando un extraño se mete en su casa. Soy a quien necesitas cuando descubres una cabeza de unicornio en la cama.
Soy detective paranormal y me enfrento a diario a los sucesos más extraños que puedas imaginar. Pero acabo de encontrar el cadáver de un dios griego en el maletero de mi coche. Y hasta yo tengo un límite.

Esta novela cuyo nombre ha conseguido que twitter se quede pequeño promete grandes dosis de risas y diversión, acompañadas a ser posible de una buena ración de palomitas. Y es que si algo destaca en el primer caso de Parabellum, detective paranormal, es su ambiente de película al más puro estilo Hollywood: persecuciones locas, tiros, alcohol, romance, mentiras, secretos. Y el cadáver de un dios en un maletero sin nada ni nadie que lo explique.

Así empieza El dios asesinado en el servicio de caballeros (a partir de ahora, Parabellum), la primera novela de Sergio S. Morán, autor de webcómics como ¡Eh, tío!, EMO (Enseñanza Mágica Obligatoria) o El Vosque. Nuestra protagonista, Verónica Guerra, no recuerda qué hace dicho cadáver en su viejo Seat. Así pues, su primera misión será recuperar sus recuerdos y seguidamente encontrar al autor del crimen. Pero no será tan fácil, pues tendrá que vérselas con multitud de criaturas sacadas de las más variopintas mitologías y creencias que tratarán de impedir que meta sus narices en un asunto de lo más divino.

¡Se van a enterar estos griegos!

Sin duda es de alabar la labor imaginativa de aglomerar todas las leyendas del mundo en un bar irlandés de Barcelona, más allá del martillo de Thor o los deslices sentimentales de Zeus. El autor consigue que el trabajo de Parabellum parezca de lo más natural y que el submundo que ha creado tenga verosimilitud y coherencia en sí mismo. Hechizos para ocultar el verdadero aspecto de una gorgona, balas capaces de matar cualquier ser mitológico que se precie, fantasmas atados al mundo por un asunto sin resolver. Todo sin perder ni un ápice de humor e ironía, acompañantes en todo momento de las breves explicaciones que nos adentran en esta novela de fantasía urbana, la cual no podemos evitar que nos recuerde al mundo de Harry Dresden.

No obstante, ya que el escritor sitúa la historia en una Barcelona real y actual, al igual que Burgos o Sitges, he echado de menos que estos sitios tuvieran un papel más allá de poner nombre a un lugar (o de diferenciar barrios por el poder adquisitivo de sus habitantes). Apenas hay descripciones, solo breves menciones a la ingente cantidad de turistas del Barrio Gótico o el dinero que tienes que invertir para vivir en ciertas zonas, pero nada más que haga distinguir Barcelona de cualquier otra ciudad. No hablo, por supuesto, de introducir largos párrafos interminables que describan piedra a piedra la Sagrada Familia, pero sí pequeños toques que hagan de Barcelona más que una mera mención, que la conviertan en un ente más vivo y representativo dentro de la novela (algo que por ejemplo sí hace Neil Gaiman en Neverwhere o Susana Vallejo en Switch in the red).

Parabellum es la gran protagonista de esta historia, una detective osada, atrevida, capaz de grandes hazañas para poder llegar a fin de mes y de grandes mentiras para mantener su mundo a salvo. Porque, entre otras cosas, si las mitologías y leyendas salen a la luz, ella dejaría de cobrar. Pero Parabellum solo es la detective, ávida de ego y reconocimiento; cuando llega a casa hambrienta le gusta sentirse normal, quitarse su disfraz y ser simplemente Verónica Guerra, una chica más bien insegura que odia mentirle a su novio Roberto, a pesar de que necesita separar los dos mundos en los que vive. El desglose entre Parabellum y Verónica es magnífico y el autor nos hace dudar en todo momento de cuál es la verdadera piel del personaje y cuál su disfraz, o si son dos caras irreconciliables de la misma moneda.

Menudo tostón está metiendo esta tía. A mí que me paguen.

El resto de personajes son secundarios, muy bien dibujados y con voces claramente reconocibles, eso sí, aunque pocos (muy pocos) tienen su propia historia detrás (o dejan entreverla, al menos). Son personajes que sirven para que Parabellum interactúe y se vaya desarrollando la trama, y aunque seguramente sería más enriquecedor darles más espacio, no es la intención de la historia y en sí misma tampoco lo necesita. Pero eso no quita que nos quedemos con las ganas de conocerlos mejor.

La trama se desarrolla de forma lineal con un ritmo ágil llevado por el humor de Parabellum y los curiosos casos transversales que se le presentan durante su investigación. Otra de las cosas que más me han gustado de la novela es que no se deja nada al azar y aunque parezca que la historia se desengancha  del hilo principal, todo tiene una razón y una conexión con el cadáver del dios. Sin duda se hace un muy buen uso del arma de Chéjov (donde cada elemento que se mencione debe ser utilizado o cumplir una función), lo que hace que todas las partes de la novela tengan una gran cohesión.

Sin embargo, la coherencia que acompaña toda la novela parece romperse hacia el final. Este no deja de ser bueno, pero a mí me ha dejado con cierto regusto amargo, con la sensación de que podría haber sido algo mejor. En primer lugar, porque el ambiente peliculero que hasta entonces había caracterizado la historia se fuerza en exceso, y el «buah, qué pasada» se torna en un «menuda sobrada». Solo ha sido un elemento en particular en realidad, pero ha empezado a romperme la magia que se había ido formando en toda la narración. En segundo lugar, porque se fuerza la apertura de un hilo para continuar con las aventuras de la detective cuando hay otro del que nuestra concienzuda protagonista parece olvidarse, después de estar repasando cada posibilidad durante todas las páginas. Simplemente he pensado: «Parabellum no se olvidaría de mencionar esto». Pero se le pasa, y aunque puedo entender por qué, sigue dejándome la sensación de que está hablando más el escritor que el personaje.

Parabellum es una novela con mucho humor, sin grandes pretensiones, con mucha imaginación y un buen saber hacer en el que se nota la experiencia de Morán en el webcómic. Su originalidad radica en coger las mitologías y los clichés de las novelas de detectives y congregarlos para darnos un libro que, sobre todo, aspira a que el lector disfrute. La tensión no baja en ningún momento y las escasas 300 páginas del libro se cubren en poco tiempo. El manejo de las voces de los personajes, la conjunción de leyendas (clásicas y no tan clásicas) e ideas como la creación y destrucción de los dioses son los grandes puntos fuertes de esta historia, de la que espero que no tarde en salir su siguiente entrega porque me ha dejado con ganas de mucho más (mientras tanto leeré el relato que publicaron en Fantífica con Parabellum a la carga).


Título: El dios asesinado en el ervicio de caballeros
Autor: Sergio S. Morán
Editorial: Fantascy
Encuadernación: Tapa blanda con sobrecubiertas
Año de publicación: 2016
Nº páginas: 334
Precio: 19,90€ / 7,99€ (ebook)







Dalayn
Lectora por vocación. (Medio) arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.

viernes, 19 de agosto de 2016

~Cine~ "Cazafantasmas" (2016), o de la crisis de identidad

OH MY GOD TIENEN TETAS. NUOOOOORRRRLLLLL
Sentado frente a la pantalla del cine, esperando a que los títulos de crédito comenzasen a asomar, hacía un esfuerzo mental importante para intentar desquitarme de todo lo relacionado con esta película que había leído previamente por internet. Quería enfrentarme a un film tan polémico con la mente en blanco para que mis impresiones no se vieran influidas por todo el sensacionalismo barato que la había rodeado desde el momento en que se anunció.

El Ataque de los Trolls
El caso es que quería que me gustase. Quería dar una señora metafórica patada en la boca a todos aquellos de mente estrecha que vaticinaban una película horrible por el simple hecho de que los personajes protagonistas fueran mujeres. Me alegra anunciar que, una vez acabados los créditos, el hecho de que las protagonistas fueran poseedoras de mamas en vez de penes no es un factor que influya en absoluto en el resultado final. Ni mucho menos. Hay otras cosas que me gustan más y otras menos, pero ya lidiaré con ello más adelante.

Antes de nada he de decir que, como buen perteneciente a la prole de los noventa, me he tragado las antiguas Cazafantasmas así como chorropocientas veces en mi niñez con las repeticiones televisivas de rigor. Pero tampoco me considero fan acérrimo de la franquicia como tal. Es decir, están bien, las recuerdo con el cariño que merecen todas aquellas películas que marcaron mi infancia, pero no creo que les haya puesto la etiqueta de «idealizada» como otros muchos que hay por ahí. Quizá este punto de distanciamiento para con lo que «es» la película y «lo que debe ser en mi cabeza» me da una perspectiva que muchos críticos no tienen a la hora de escribir sobre ella. Pero de nuevo, me explayaré sobre esto más adelante.

Como en todos mis comentarios, me gusta siempre resaltar lo positivo antes que lo negativo. Y habrá algún que otro espoiler, ya sea gordo o chiquitín, pero yo lo aviso ya, no sea que me linchéis a posteriori. 

Si hay algo que me ha gustado de la película es lo autoconsciente que es de sí misma, de la (triste) polémica que suscita y del punto al que aspira llegar. No pretende cumplir ninguna expectativa, sino establecerse por sí misma por sus propios méritos, utilizando el humor como herramienta para enfrentarse a las críticas.

¿En cuál me amáis más?
Me encanta, y mucho, el personaje de Chris Hemsworth, que abraza con alegría el rol de hombre cosificado por su físico con la mayor naturalidad, desplegando su encanto como tonto adorable y mofándose de los clichés del «secretariado» sexualizado que Hollywood había estado distribuyendo casi desde el Inicio de los Tiempos.

Más cosas buenas. Kate McKinnon es, de lejos, lo mejor de la película. Transmite una personalidad y una fuerza a su personaje para hacerlo reconocible que supera con creces al resto de sus compañeras de reparto. Es también la mayor fuente de risas de toda la película, protagonizando los gags más efectivos de la misma.

Wink.
El amor que el equipo creativo siente hacia las películas originales es palpable, en parte gracias a los guiños constantes y las referencias internas (y los cameos) que consiguen colar en casi cada escena. Por eso las críticas que apuntaban a un posible destrozo por parte del equipo directivo de una saga tan querida como ésta no se sostienen por ningún lado. Se nota, y mucho, lo muchísimo que aman y respetan las producciones originales, y eso es algo a valorar teniendo en cuenta el pastel en el que se han metido.

Los cameos de rigor no podían faltar

Creo que aquí puedo empezar a intervenir con los puntos negativos. Hemos dejado claro que uno de los puntos fuertes de la película es lo desternillante que puede llegar a ser. Sin embargo, virtud y perdición se funden en este caso. Quizá es porque como ya he dicho, no puedo considerarme fan loco de Cazafantasmas, que porque a lo mejor mi recuerdo de las películas coincidía con algo totalmente distinto a como lo percibieron Paul Feig y compañía a la hora de rodarla, pero para mí, el Cazafantasmas antiguo era más aventura con toques cómicos, cuando el Cazafantasmas actual es precisamente lo contrario: comedia pura con algo de aventura de por medio.

Y el caso es que sí, te diviertes con ella. Las risas están aseguradas desde que escogieron como reparto a medio Saturday Night Live. Sin embargo, a veces tiene uno la sensación de estar viendo precisamente un programa especial de Saturday Night Live basado en Cazafantasmas. Quizá soy yo solamente, pero esperaba que la temática de aventura (que la hay) tuviera un papel predominante en la trama, con chascarrillos sueltos que me hicieran pasarlo bien.

PEW PEW PEW
Tampoco ayuda que el tipo de humor sea tan absurdamente simple. Si, te ríes aquí y allá, y la sala estalló en carcajadas más de una vez durante la película, pero al final no dista mucho del humor simplón típico de la filmografía de Paul Feig (véase La Boda de mi Mejor Amiga, Cuerpos Especiales o Espías). En todo caso, si el espectador en cuestión es asiduo del susodicho director y amante de su trabajo, encontrará en Cazafantasmas una delicia que disfrutará a buen seguro hasta el final.

No es mala película per se, pero como en tantas otras cosas, la distancia entre lo que uno espera y el resultado final hacen que la impresión no sea la mejor. Pero los personajes de Hemsworth y McKinnon y los muchos guiños a los fans más antiguos de la saga compensan el relativo mal trago.

¿Merece un FUCK YES QUE TRASPASE LAS FRONTERAS INTERDIMENSIONALES? Más bien un FUCK MEH, bailando entre el yes y el ‘quitabicho’ según los gustos humorísticos de cada cual.





Charles D.
Filólogo, lingüista, lector irredimible y cinéfilo/seriéfilo empedernido. Digo muchas tonterías en Twitter (@OrdHum). También escribo si me dejo.

miércoles, 17 de agosto de 2016

~Memory Lane~ Príncipe de Nada



Esta es una de mis trilogías favoritas y espero con ansia el momento en que me haga la valiente para continuar la saga en inglés, ya que Timun Mas solo ha publicado esta primera trilogía de "El Segundo Apocalipsis", que deja con muchas ganas de más. Como la leí hace tiempo, voy a hacer una minirreseña general. Para este tipo en particular me dio la idea Emma Frell, aunque originalmente viene del blog The YA bookworm. Es una manera sencilla de hablar de una novela y me ha parecido interesante, a ver qué os parece.



«Ésta es la historia de una gran y trágica guerra santa, de las poderosas facciones que trataron de poseerla y pervertirla, y de un hijo en busca de su padre. Y, como en todas las historias, somos nosotros, los supervivientes, los que escribiremos su conclusión.» Dos mil años han transcurrido desde el Apocalipsis. Ahora, el Shriah de los Mil Templos ha declarado la Guerra Santa para arrancar la Ciudad Santa del Último Profeta de las manos de sus infieles moradores. Un hechicero, una concubina y un guerrero quedan cautivados por un misterioso viajero y caen bajo su yugo, mientras lo que empieza como una guerra de hombres contra hombres amenaza con llegar a ser la primera batalla del Segundo Apocalipsis.

Define el libro en cinco palabras.
humano, guerra, reflexivo, filosofía, religión

Elige una cita.



¿Bueno, malo o pasable?
Bueno, creo que es una trilogía que tiene mucho que decir aunque tiene varios pecados. La declaración de una Guerra Santa recuerda mucho a nuestras Cruzadas, el saber que se avecina el fin del mundo coloca una tensión constante en la trama.

Lo mejor y lo peor del libro.
Lo mejor: la introspección de los personajes, su profundidad, la contraposición entre cordura y locura, entre lo que está bien y lo que está mal, nunca juzgado sino dejado a la elección del lector. Es una lectura para pensar mucho sobre las motivaciones del ser humano, sobre la religión y la guerra.

Lo peor: es muy denso, a veces demasiado. Los capítulos se alargan con reflexiones y diálogos filosóficos muy interesantes pero que al mismo tiempo ralentizan la acción. A veces las reflexiones son complejas y pueden hacer que el lector se pierda o se aburra. Falta encontrar un equilibro entre esa reflexión continua y la introspección en los personajes sin que lastre la trama.

Personaje más destacado.
Es complicado elegir uno, porque tiene unos personajes tan magníficos. Cnaiür, Achamian, Kellhus, Esmenet… Quizá al que más cariño le cogí fue a Achamian. Creo que es el personaje más cercano y sencillo de comprender junto con Esme, el que se ve un poco arrastrado por las circunstancias y sus visiones del Primer Apocalipsis. El relato refleja continuamente esa carga y cómo la afronta, una y otra vez, a pesar de que las desgracias se suceden continuamente a su alrededor y en su mente.



Título: En el principio fue la oscuridad / El profeta guerrero / El pensamiento de las mil caras
Autor: R. Scott Bakker
Traducción: Ramón González Férriz.
Editorial: timunmas
Encuadernación: Tapa blanda con sobrecubiertas
Año de publicación: 2005/2006/2007
Nº páginas: 555, 630, 525


Por si os interesa saber más, os dejo un par de reseñas que se extienden mucho más: Mundos inconclusos y El quimérico lector.




Dalayn
Lectora por vocación. (Medio) arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.

viernes, 12 de agosto de 2016

~Series~ "Stranger Things", o del sueño de la nostalgia, que produce monstruos.


Antes de nada, un poco de música para poner banda sonora a la reseña.

Dicen que Hollywood se está quedando sin ideas, y estoy de acuerdo hasta cierto punto principalmente por la escasez de originalidad en las propuestas cinéfilas de la última década. Pero nos equivocamos al pensar que Hollywood está falto de inspiración, porque ello implicaría que la creatividad estuviera en algún punto de sus ejecutivas prioridades. Hollywood quiere vender, y que nosotros compremos. En este sentido, hay pocas cosas de las que podemos estar seguros al cien por cien en el mundo cinematográfico de hoy en día: la nostalgia vende. Y vende mucho. Podemos sentarnos a analizar los últimos grandes bombazos cinéfilos de los últimos dos años y encontraremos que los “reboots”, “remakes”, “revamps” y secuelas tardías plagan las listas de mayores éxitos en taquilla.

Pero ya filosofaré sobre esto en otro momento más apropiado. Venía hablando de la nostalgia porque la serie de la que os voy a hablar hoy supura recuerdos de la infancia por cada poro de su metafórica piel.

Stranger Things estaba vendida desde el mismísimo momento en que salió a la luz internetera el primer tráiler. Nosotros, los vástagos de los 80 y 90, nos enamoramos al instante del sabor a E.T., Los Goonies o El Club de los Cinco que prometía destilar cada uno de sus fotogramas. La premisa es inteligente porque no depende de una licencia creativa particular, sino que construye su propia mitología cogiendo prestados aquellos elementos que hacían tan especiales las películas de nuestra infancia.

Minipunto para el que adivine la referencia.

Y aunque Stranger Things capitalice en lo que nos es conocido y querido para que nos atrevamos a poner en marcha el primer capítulo, lo utiliza únicamente como gancho para facilitar que nos subamos al carro de lo que de verdad otorga a Stranger Things el rasgo de calidad real: una historia bien contada, intensa y emocionante, capaz de atraparte entre sus brazos y no liberarte hasta mucho después de haberla terminado.

Esto es posible principalmente gracias a un reparto acertado al milímetro en la gran mayoría de los aspectos posibles. La química que muestran las tres generaciones de reparto (la infantil, la adolescente y la adulta) es palpable en todas y cada una de sus escenas, haciendo que los diálogos fluyan con la naturalidad de un manantial cristalino. Pero no puedo hablar del casting sin resaltar el descubrimiento del diamante en bruto que es la actriz Millie Bobby Brown. Su capacidad de comunicación apenas pronunciando un puñado de palabras en los ocho capítulos que abarca la serie es digna de compararse con homólogos adultos que por la misma actuación habrían recibido premios de categoría. Es sorprendente la madurez que esta niña muestra a la hora de interpretar un personaje tan complejo como es el de Eleven, llenando la pantalla cada vez que entra en escena.

Apuntad sus nombres para dentro de unos años.
Pero no sólo nos quedamos con el reparto como elemento loable: la ambientación juega un papel crucial en el conseguir credibilidad para la historia. La estética general grita “los Ochenta” desde la aparición de los primeros títulos de crédito. Incluso las propias tramas secundarias de los personajes recuerdan a aquellas que plagaban los dramas de instituto tan frecuentes en la década.

Tontorrón.
Stranger Things es una serie que intenta por todos los medios posibles hacerse un hueco en nuestro corazón. ¿Fuiste un niño/a al que le costaba encajar en el colegio más allá de tu pequeño grupo de amigos? ¿Se metían contigo los típicos matones populares en clase? ¿Te gustaba juntarte con tus amigos a jugar en casa durante horas con juegos de tablero/rol? ¿Te sentías rechazado/a o apartado/a por el resto de tus compañeros porque eras diferente? Si la respuesta a alguna o varias de las preguntas anteriores es “sí”, entonces Stranger Things probablemente consiga su objetivo.

Tan sólo comentar dos puntos negativos que apenas tiznan el resultado final: Winona Ryder me parece una elección de casting acertada en tanto a que contribuye a ese “80’s feel” del que ya he hablado antes. Fue un rostro muy común en los 80 y 90, cuasi desaparecido en la actualidad, que ahora apunta a un posible resurgir de su carrera. Sin embargo, y teniendo en cuenta lo dramático y central de su rol en la serie, su interpretación no está a la altura de las circunstancias. Lo que debería ser una oportunidad relativamente sencilla de brillar como una madre atormentada que sufre hasta casi la locura por la desaparición de su hijo no acaba de cuajar. Roza lo histriónico. No sentí como creíble su dolor en ningún momento. Cuando precisamente su labor debería sostener el peso dramático de toda la trama, es Millie Brown quien se lo echa a los hombros sin apenas mayor esfuerzo.

¡MAMÁ, QUE TENGO TRABAJO!
El segundo punto es (para mí) cuando el propio Demogorgon sale de entre las sombras y se muestra a plena luz. Quizá el trabajo de efectos especiales debería haber ido más enfocado a lo práctico en vez de al CGI. El bicho en cuestión delata su constitución digital cada vez que se mueve con iluminación plena, sacando al espectador de esa burbuja de credibilidad tan bien conseguida con los elementos ochenteros previamente mencionados.

Holita.
Pasando ahora a comentar aspectos más específicos de personajes/tramas. Como siempre, aviso que procedo a entrar en terreno espoileroso, así que los aventureros avancen con cuidado más allá de las presentes líneas.

Me ha gustado en general el arco de progresión que experimentan todos los personajes, pero en especial el de Hooper (el policía) y el de Steve. Ambos comienzan en una posición poco favorable de cara a la empatía del espectador. El primero se muestra como el jefe hosco y malhumorado que vive entre el más absoluto caos y no parece tener el más mínimo interés por hacer bien su trabajo. El segundo parece limitarse al papel del típico “bad boy” popular que sólo busca introducirse entre las bragas de Nancy.

Aquí hay bicho encerrado.
Ambos se ven arrastrados y superados por la situación con las desapariciones, y su evolución se hace patente conforme la verdad de lo que había ocurrido va esclareciéndose. Hooper acaba haciendo frente al trauma que le había supuesto perder a su hija tomando la iniciativa para salvar al pequeño Will del Upside Down. Steve, por su parte, demuestra que al final sí que siente algo por Nancy enfrentándose a sus amigos, yendo a casa de Jonathan a pedir perdón y uniéndose a ellos en la lucha contra el Demogorgon en vez de huir. De una manera muy inteligente consiguen romper el molde de chico malo con una evolución más que creíble, provocando que me declare “Team Steve” forever and ever.

Y apenas rasco la superficie, teniendo en cuenta cómo queda todo abierto para la segunda temporada que vendrá cuando Netflix así lo desee (pronto, a ser posible. ¿Mañana? ¿Sí?).



¿Es merecedora de un FUCK YES COMO UNA CASA? FUCK YES si naciste en los ochenta/noventa y además no eres un robot sin sentimientos.





Charles D.
Filólogo, lingüista, lector irredimible y cinéfilo/seriéfilo empedernido. Digo muchas tonterías en Twitter (@OrdHum). También escribo si me dejo.

miércoles, 10 de agosto de 2016

~Citas~ El océano al final del camino


De entre las muchas cosas que me han gustado de El océano al final del camino, sus reflexiones sobre la dualidad niñez-adultez y los recuerdos son de las que más me han maravillado. Adoro los libros que te dejan pensando, que te hacen paladear las frases para desentrañar su significado, para aprehenderlo y que de ellos extraigamos algo que nos haga cambiar aunque sea de una manera ínfima nuestra percepción del mundo.

Estas son las citas que he marcado conforme leía y que espero que os hagan reflexionar a vosotros también.


«A veces los recuerdos de la infancia quedan cubiertos u oscurecidos por las cosas que sucedieron después, como juguetes olvidados en el fondo del armario de un adulto, pero nunca se borran del todo».

«Me pregunté quién era yo, algo que solía hacer a esa edad, y qué era exactamente lo que estaba mirando la cara reflejada en el espejo. Si la cara que estaba mirando no era yo, y sabía que no lo era, porque seguiría siendo yo le pasara lo que le pasase a mi cara, entonces ¿qué era yo? ¿Y qué era lo que estaba mirando?».

«En el fondo, nadie es como aparenta ser. Tú, por ejemplo. O yo. Las personas son mucho más complicadas que eso. Y eso vale para todo el mundo».

«Por dentro, los adultos tampoco parecen adultos. Por fuera son grandes y desconsiderados y siempre parece que saben lo que hacen. Por dentro, siguen siendo exactamente igual que han sido siempre. Como cuando tenían tu edad. La verdad es que los adultos no existen. Ni uno solo, en todo el mundo».

«Los adultos no deberían llorar. No tienen una madre que los consuele».

«No echo de menos ser un niño, pero echo de menos el placer que me producían las pequeñas cosas, por más que las cosas importantes se estuvieran desmoronando. No podía controlar el mundo en que vivía, no podía huir de las cosas, la gente o los momentos que me hacían daño, pero disfrutaba como un enano de lo que me hacía feliz».

«Nada es nunca igual. Así haya transcurrido un segundo o cien años. Todo está en continuo movimiento. Y la gente cambia igual que cambian los océanos».

«Cada cual recuerda las cosas de una manera; nunca encontrarás a dos personas que recuerden exactamente lo mismo, fueran testigos de ello o no. Dos personas pueden estar muy cerca la una de la otra, y sin embargo tener percepciones muy distintas sobre determinado asunto».

«No se puede aprobar o suspender en el hecho de ser persona».