martes, 18 de abril de 2017

~Reseña~ El diario de la princesa, o el alma de Carrie Fisher


Se ha vendido este libro de memorias como «Carrie Fisher por fin desvela su aventura con Harrison Ford». Como si el hecho de que los actores que interpretaban a Han Solo y Leia se liaran fuera de plató hace 40 años fuera a cambiar en algo nuestras vidas o cambiase de significado algún aspecto de Star Wars. Pero tampoco los puedo culpar. El 50% de las páginas están ocupadas por Carrison, como la propia Fisher ha llamado a aquel periodo de tres meses. Sin embargo, dudo que calificarlo como «romance» sea honesto, sino un mero clickbait de los que venden baratos en el todo a 100 de la esquina (sí, siguen llamándose todo a 100, la fuerza de la costumbre).

Carrison no es romántico, ni yo he querido salirme del tiesto leyendo unas memorias (es algo que no me llama) para saber qué hicieron o dejaron de hacer Carrie y Harrison en los fines de semana durante el rodaje de La guerra de las galaxias. Ni siquiera soy fan de la saga (vale, sí, están bien, pero... hasta ahí), así que para mí ese morbillo que despierta en algunos el hecho de que Leia y Solo se liaran en la vida real a mí me la trae mucho al pairo. ¿Entonces, para qué narices me he leído El diario de la princesa?

¡A Gary también lo nombra! Todo es mejor con Gary *.*

Bien, cuando anunciaron que harían una nueva trilogía de la franquicia y Carrie Fisher volvió a escena, me fijé en ella atentamente. ¿Quién era esa mujer que volvía a primera línea cinematográfica después de tantos años, de sus adicciones y sus problemas psicológicos? Sin duda, una mujer valiente. Una mujer sarcástica, sincera y que había pasado por tantas cosas en su vida que parecía importarle muy poco lo que pensaran de ella. Es lo que tiene la edad. Pero esa era la Carrie Fisher de casi sesenta años. ¿Quién era la de casi veinte? El imaginario común ve a la princesa Leia, con sus moños y su bikini metálico, pero yo no sabía nada de ella. Había visto la trilogía original hacía muchos años y ni siquiera del tirón, apenas la recordaba.

Desde entonces hasta su fallecimiento, no solo he visto las siete pelis y admirado a su personaje, sino que lo poco que he podido aprender de la propia Fisher ha sido como un pequeño regalo. Si digo que de mayor quiero ser como ella, no estaré exagerando mucho. Sin pasar por muchas de las cosas que ha pasado, pero se me entiende. Y sí, hablo de Carrie Fisher, no de Leia. Mucha gente se pregunta cuánto había de la primera en la segunda y viceversa. La propia escritora (sí, además de actriz era escritora y guionista, y al parecer bastante cotizada) se lo pregunta varias veces en su última obra. Pero a mi modo de verlo, Leia era lo que Carrie quería ser y era, en realidad, aunque con diecinueve años fuera poco consciente de ello. Quizá por eso le marcó tanto, quizá por eso ha sabido transformarla y colocarla donde corresponde, donde ya no debería dejar de estar: en el puesto de General Organa.


A veces creemos que los famosos son criaturas de otro planeta (de Alderaan o un poco más allá). Están tras la pantalla, subidos a un escenario, tras una mesa o un muro de futuros autógrafos. Siempre parece haber una barrera entre ellos y nosotros que los hace inalcanzables, como los mismos ángeles. Y por eso parecen estar por encima de nosotros, de la vida misma y sus problemas. Quizá por eso nos aferramos a sus personajes, en el caso de los actores (o los personajes en el caso de los escritores), porque parecen más de carne y hueso que aquellos que le dan vida. Quizá por eso Leia nos era más cercana que Fisher y por eso parecían más un ente indivisible que un invento y una realidad por separado. En El diario de la princesa (y seguramente también en sus otras memorias, como Wishful Drinking —no, no he visto el monólogo aún—), no nos encontramos a una rebelde contra el Imperio, sino a una joven contra la vida. Una historia con la que podemos conectar mucho mejor.

¿Quién era la Carrie Fisher de 1976? Una chica insegura, tan insegura como puedo serlo yo o cualquiera. Narra sus pensamientos y sus impresiones y el lector sabe que lo que dice es ridículo, igual que ella lo sabía cuarenta años después. Pero no en aquel momento. Entonces no estaba contenta con su cuerpo ni sabía decir quién era. ¿Y quién lo estaría, con el caos familiar que había vivido y siendo protagonista de una película de bajo presupuesto de la que nadie esperaba nada? Incluso su relación con Ford está plagada de una inusitada falta de emoción positiva. Más bien encontramos caos. Caos en sus pensamientos, en sus sentimientos, en sus prioridades. No hay ilusión, sino dudas, y más que sobre el futuro de aquella relación, sobre el papel que ella jugaba, sobre cómo la veía, sobre quién era realmente y quién aparentaba ser.


Fisher juega durante todo el libro con esa dualidad. Con lo que mostraba al público (y con el público me refiero a la gente con la que se relacionaba) y lo que era. Y es duro pasar por esa visión, quizá se vea absurdo desde fuera. Pero en ese momento, cuando lo estás viviendo, todo tiene sentido. Y si lo has vivido, sabes que esa persona que te está hablando, aunque ya no esté, es real, del planeta Tierra, y no un alien cualquiera. Y que podrías haber sido tú en cualquier otro tipo de circunstancias. Que Harrison Ford estuviera en medio en realidad es lo menos importante.

Su vida dio un vuelco por completo tras el insospechado éxito del Episodio IV, así que a quién le podría extrañar que la alienación subiera a límites inimaginables. Mientras que en la primera parte nos habla de sus comienzos en la gran pantalla y cómo consiguió el papel de la princesa intergaláctica más famosa de todos los tiempos, y en la segunda nos informa sobre Carrison (junto con las notas de sus diarios, que incluyen también poemas), en la tercera y última narra el cruel golpe de la fama, al menos la que le tocó vivir a ella. Es la parte más aburrida, pero no porque sea menos interesante, sino que el hastío es bastante intencionado. Fisher plasma conversaciones de fans cuando se le han acercado a pedirle autógrafos y son adormecedoras. Otras... en fin, otras dan bastante asco. Imaginad lo que supone saber que eres un icono sexual cuando no lo has pedido y ni siquiera te consideras guapa o atractiva. Imaginad lo que supone que esa gente te lo cuente... en tu cara. Nada más que decir.


Si Carrie siguió, a pesar de todo y todos, es entre otras cosas por su humor inigualable, del que hace gala durante toda la obra, ácido, atestado de sarcasmo. Párrafos que sacan sonrisas, pero no de las alegres. Escribe para pensar. Sus poesías reflejan la búsqueda de la identidad, de razones, de escapes. Es una lástima que la mítica frase de Yoda «Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes» no se haya traducido tal cual (¿tal vez quizá era diferente en el original? No tengo manera de comprobarlo). Pero estos pequeños detalles no logran ensombrecer una crónica amena pero profunda de aquellos años de vida, su vida, una vida que la devuelve al lugar del que nunca debió irse: el suelo, la tierra.

Carrie, tu lucha, tu empeño, tu valentía, eran tus verdaderas armas, más allá de tus comentarios mordaces, las pistolas láser o aquella cadena antibabosas. Gracias por ser tú. Se te echa de menos.


Título: El diario de la princesa
Autora: Carrie Fisher
Traductora: Irene Saslavsky
Editorial: Nova (Ediciones B
Encuadernación: Tapa dura (con dos colores, ¡me encanta!) con sobrecubierta
Año de publicación: 2017
Nº páginas: 272
Precio: 20€ / 7,99€ (ebook)




Gracias a Nova por el ejemplar




Dalayn
Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.

2 comentarios:

  1. Buenas,
    Creo que es un libro que a los que les guste la saga de Star Wars les puede interesar, Yo tengo que decir que ni he visto ni leído ninguna historia de Star Wars así que no puedo opinar. Si leería esta biografía por interés, la verdad. Por curiosidad.
    Un saludo

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    Respuestas
    1. En realidad lo de Star Wars es más contextual en este caso que otra cosa. Obviamente si eres seguidor hay cosas que tendrás mucho más sentido, pero también es lo suficientemente íntimo como para que eso no sea un obstáculo. Saludos y gracias por pasarte ^^

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